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Una caldera de vapor industrial puede destinarse a procesos de fabricación alimentaria donde resulta imprescindible garantizar condiciones higiénicas muy estrictas, a instalaciones farmacéuticas que requieren un control extremadamente preciso de la esterilización, a industrias químicas con elevadas exigencias térmicas o a fábricas textiles donde el vapor interviene en múltiples fases del tratamiento de los tejidos. También desempeña un papel importante en hospitales, lavanderías industriales, plantas papeleras, refinerías, centrales energéticas y numerosas actividades manufactureras que necesitan una fuente constante de energía térmica. Las calderas industriales deben adaptarse a estas particularidades mediante configuraciones específicas relacionadas con presión de trabajo, capacidad de producción, materiales de fabricación y sistemas de control automatizado.